Viernes 15 de Octubre del 2010
La ciencia ficción es un género novelesco que se desarrolló en el s.XIX (se puede argüir con razón que surgió mucho antes, pero de manera anecdótica).
En esta época, la revolución industrial demostraba a todos que la ciencia tenía aplicaciones prácticas que ayudarían a mejorar el mundo. La fé en el cambio tecnológico y por extensión, social, impregnó las novelas y los pensadores de entonces(1). La razón predominaba sobre la religión (hasta cierto punto, una increíble cantidad de misticismos aún vigentes nacieron entonces). La exploración, de la Tierra, del mar, de formas sociales o del conocimiento, se volvieron objetivos prácticos que a su vez fueron explorados de forma especulativa sobre el papel.
En resúmen, una época de optimismo, de ciencia y de exploración(2).
La corriente Steampunk recuerda ese siglo XIX idealizado, incluye los modales caballerescos, olvida todo lo negativo (o al menos lo que nos resulta negativo desde nuestra mentalidad del s.XXI), y aplica ese toque al mundo de hoy, o a otros mundos en el caso de novelas y películas Steampunk. Madera, latón y cuero son los materiales, vapor o electricidad las fuerzas impulsoras, la caballerosidad la norma, la exploración el camino. Algunos Steampunks construyen y modifican objetos cotidianos, como Jake Von Slatt o Jake Hildebrandt, otros decoran casas como The Steampunk Home, descubren mundos, escriben historias, ... Casi todos se reúnen en BrassGoggles para hablar y discutir de cualquier cosa.
Esta es también la única subcultura que conozco lo suficientemente amplia para atraer a adolescentes y a jubilados por igual.
(1)No todos, por supuesto. Toda reacción tiene su reacción, tal vez en este caso con el Romanticismo, que rechazaba el futuro a cambio del presente, por ejemplo.
(2) Y de pobreza, desigualdades sociales, machismo, nacionalismos, etc. Ahora que está dicho, volvamos a ponernos las gafas rosas.