No creo ser la persona apropiada para escribir esto. Tampoco creo que sea la única intentándolo. Pero bueno, lo escribo sobre todo para mi (sí, esa segunda persona del singular que aparece por todo el texto soy yo mismo. Estoy monologándome para sacudirme el aturdimiento). Por cierto, siguiendo mi costumbre, esto se va a ir construyendo a medida que lo escriba, así que no esperes hilo conductor, estructura o coherencia.
Corren tiempos interesantes. Esto, como sin duda ya sabéis, no es algo bueno. Pero en fin, es lo que hay. No voy a enumerar los miles de males que aquejan al mundo en este mismo instante (y da igual cuando lo leas). Tampoco voy a recordar los millones de bienes que en el mundo se están haciendo en este mismo momento, y también da igual cuando leas esto.
Simplemente voy a recordarte que ambas cosas existen y que centrarse en un solo lado sólo lleva al error, bien por la desesperación, bien porque te van a llover las ostias. Y ahora vamos a dejar de hablar del mundo, y vamos a pasar a ti.
Tú, que te pasas la vida viviendo en un limbo compuesto esencialmente de trabajo, cama, y ocasionales amistades. Tú, a quien las exigencias laborales y vitales absorben la energía y convierten en un cascarón vacío, listo para absorber pasivamente cualquier mierda que reciba. Tú, que cuando no puedes más te encierras en tu vicio favorito, sea tal un buen libro, un videojuego, una serie, una droga, un concierto. Tú que, en definitiva, no eres más que otro eslabón, en la larga cadena de la gente que ha existido casi sin vivir.
¿Sabes que, en toda la existencia de la humanidad, la gente que ha creado, inventado, cambiado cosas, ha sido casi invariablemente gente que tenía tiempo de ocio? La supervivencia no permite la vida, requiere demasiada energía. Aristócratas, burgueses, adolescentes, sacerdotes o, en el mejor de los casos, miembros acomodados de sociedades prósperas. También ha habido, en ocasiones, artistas e inventores profesionales, los cuales recibían dinero, generalmente, de esos otros grupos, para dedicarse a la creatividad; pero han sido los menos. Y también existe un minúsculo número de personas que, dotadas por su vida o su naturaleza de una energía fuera de lo común, son capaces de crear tiempo de ocio donde la mayoría solo vemos un rato para desconectar.
La cuestión es cómo, tú que ni tienes tiempo de ocio, ni eres profesional de la creatividad, ni tienes energía sobrehumana, puedes sobrevivir.
La mayoría de los libros de autoayuda intentan contarte cómo crearte más energía, para mantenerte en el mismo nivel de trabajo de supervivencia y al mismo tiempo ser más feliz. Suena bien, pero en la práctica no funcionan casi nunca. La mayoría de la gente que conozco defiende la reducción de demanda energética de la supervivencia, mediante reducción de jornada, renta básica universal, y otros modelos del estilo. Suena bien, pero exige un cambio social que individualmente no podemos realizar (o no siempre, algunos invididuos logramos parte de esto a costa de otras cosas).
Lo cierto es que no tengo respuestas, y menos aún respuestas universales. Lo hago lo mejor que puedo y aun así, cada poco tiempo me hundo en pozos insondables. Pero sí que hay ciertos enfoques que tengo cuando estoy bien, y que tal vez sean consecuencias en vez de causas, pero voy a intentar apuntarlos:
- Cuando hay algo que me gustaría que existiese, no pienso en si puedo o no, sino en cómo se podría hacer. A veces, llegaré a la conclusión aparentemente obvia de que no puedo, pero otras veces me daré cuenta de que nada me impide intentarlo. Luego puede que lo haga y puede que no, pero el mero hecho de dedicarle cerebro a pensar en ello me parece, primero, disfrutable por si mismo, y segundo, un buen entrenamiento para lo siguiente que aparezca.
- La soledad es mala consejera. Busca gente afín. Sé que esto parece un obstáculo insuperable para mucha gente, pero como persona asocial, neurodivergente, tímida e introvertida, te informo de que es más fácil de lo que parece. Al fin y al cabo, hay millones de personas ahí fuera que están igual de solas que tú; de algún modo os podréis encontrar. Redes sociales (de verdad, no las promocionales. Si quieres me puedes seguir en @delcano@mastorol.es), encuentros de intereses (gastronomía, baile, juegos de mesa, etc), incluso en el trabajo. No importa que la primera persona que encuentres no sea una amistad perfecta, es un principio. Cuanta más gente conozcas, más gente podrás conocer, y de toda esa gente, alguna se convertirá en tu gente.
- Ponlo por escrito. Las palabras, las ideas, se las lleva el viento. Registra lo que te interese, apúntalo (o, si eres así, grábalo). No importa si luego nadie lo relee, ni siquiera tú. El mero hecho de repetir las cosas conscientemente en un medio revisable como es el texto hace que pienses mejor, que le dediques más cerebro y más memoria. Además, tendrás menos sensación de haber perdido el tiempo, porque habrás hecho algo, aunque sea algo inútil.
- Permítete ser un despojo humano. Si no tienes fuerzas, da igual cuanto te enfades contigo, no vas a hacer nada. Descansa, espera, y ya volverás a la vida otro día.
- Descansa de verdad, eh. No vale que seas un despojo humano todos los días porque sigues haciendo más de lo que puedes creyendo que es lo que debes, porque así no vas a salir nunca del hoyo.
- No mires demasiado al mundo. Un poco está bien, hay que saber pa dónde tirar, pero demasiado es regodearte en el morbo, lo cual al final o te hunde o de absorbe.
- Deja de intentar optimizar tu vida o mierdas así. Igual logras algún cambio positivo, pero en su mayor parte tu vida ya está optimizada para ti. Lo has hecho por pequeños incrementos a lo largo de toda tu vida, y lo seguirás haciéndolo. Un manual de chorradas que hace otra persona puede darte alguna idea, pero por lo general no es para ti.
Foto de Cup of Couple: https://www.pexels.com/es-es/foto/agotamiento-fatiga-naturaleza-muerta-papeles-arrugados-6632853/