Llevo ya más de una semana que, muy a menudo, pienso en cosas que escribir aquí en distintos momentos pero, una vez llego al ordenador y abro esto, mi mente se queda en blanco. Pero la intención, el impulso de decir bobadas, sigue ahí. Es una sensación incómoda, pero no extraña: la he sentido innumerables veces, generalmente hacía el final de mis crisis depresivas, cuando la parte creativa del cerebro ya empieza a hervir pero el aspecto ejecutivo no funciona.
Quizá lo distinto es que no me he sentido bajo de ánimos casi ningún día de este año. Bueno, eso no es cierto. Bajo de ánimos sí, y mucho. Confuso, perdido, en un sueño lúcido en el que nada tiene sentido pero sigo haciendo los mismos gestos para mantener un semblante de normalidad. Pero no he pasado horas mirando al techo, revolcándome en el vacío existencial, en el sinsentido de todo. Supongo que son las drogas. No me curan la depresión, pero hacen que la sienta distinto, menos oscura.
Donde sí que lo noto es en que no he hecho nada en tres meses. Estoy en pausa indefinida y me siento cada vez más inquieto, porque veo que se me acumula el tiempo no vivido.
Este artículo que no lo es quizá sólo sea, al final, mi intento de romper el silencio. Moverme. Con un poco de suerte, seguirán más cosas. Las retrasadas, como la edición de las aventuras del concurso de la Garduña. Las paradas, como la campaña de Noches Toledanas. Las continuas, como FerretCMS. Las nuevas, como cierto zine. Los desafíos, como la propuesta energética para mi edificio. Y por supuesto, sus equivalentes laborales, que los hay para cada tipo, y que tengo que desbloquear de una vez.
Pues eso. Que sigo aquí, pero no sé dónde es aquí.
Foto de Nuno Leandro: https://www.pexels.com/es-es/foto/37036395/