Hoy voy a charlar con mi adolescente interior, que hace tiempo que no le dedico ni un segundo.

El tema: querer ser diferente en un mundo que te lleva a ello.

Algunos, por supuesto, dirán que vivimos en un mundo de ovejas, pero no creo que eso sea cierto. El ser humano es, generalmente, un ser social, y como tal, tiende a dejarse llevar. Esta tendencia la tenemos todos, en mayor o menor medida, y por eso vistos desde fuera podemos parecer robots sin mente. Sin embargo, hoy en día está mejor aceptado el salirse de la “norma” (entendiendo como tal el comportamiento mayoritario). Las reglas sociales no han sido nunca (que yo sepa, tal vez me equivoque) tan poco estrictas como en esta época, y vamos a más. Probablemente, esto se deba a que vivimos en la era de EEUU, y estos, como país joven que son, dependen menos de la tradición, al menos idealmente. En consecuencia, a lo largo del s.XX, nos han inundado progresivamente con medios culturales que preconizan individualismo, libertad, y lucha del pequeño contra el grande, y con esos mensajes hemos crecido.

 A pesar de ello, el ser humano sigue siendo predominantemente social. Muchos sueñan con romper, pero pocos quieren hacerlo sólos. Así, desde mediados de los 50, las “contraculturas” (subculturas en realidad) han salido del ámbito artístico en que estaban encerradas (romanticismo, dadaísmo, jazz), para convertise en movimientos sociales - limitados, sin duda, pero reales: rockers, mods, hippies, skins, punks, heavies, cyberpunks, góticos, steampunks, bakalas, emos…

Aqui entra en juego el tema inicial. Una persona innatamente rebelde, cultivada en un caldo individualista libertario, por fuerza busca al crecer algo distinto de lo más habitual. Esto, naturalmente, la acercará a alguna de las subculturas más presentes en su zona. Pero el mismo rechazo a la norma que la ha llevado allí es el que la sacará, pues lo diferente es pronto lo normal cuando te rodeas de ello. Así, normalmente, irá acercándose a varios movimientos, progresivamente más pequeños, hasta que le no quede ninguno. Finalmente, podrá crear algo nuevo, quedarse con algo viejo alejándose de otros miembros de ese grupo, o recombinar elementos de diversos grupos y liberarse de etiquetas. Lo primero exige un valor y una creatividad extraordinarios, por lo cual es poco frecuente. Lo segundo ocurre relativamente a menudo, pero acaba anihilando a ese individuo, porque el ser humano, como ya hemos dicho, es eminentemente social y no puede sobrevivir psicológicamente aislado.

Nos queda, pues, la tercera vía: coger aqui y allá, los elementos que mas le gusten, sin asociarse a etiqueta alguna. Problema: así es como funciona la gran mayoría de la gente. Pocos - más allá de la adolescencia - adhieren a un conjunto estricto, invariable y heredado de normas, y el hecho de ser pocos los hace anormales. La mayoría de la gente recombina lo que recibe (y hoy en día, recibimos del mundo entero, lo cual da mucha amplitud a esas combinaciones) y crea su propia forma, manteniéndose dentro de ciertos límites para no ser expulsada de la sociedad.

El resultado pues, es que el auténticamente rebelde, pero cobarde, acaba siendo normal. Diablos.

PS: La trayectoria indicada no es la mía, pues aunque poseo los dos atributos mencionados - rebeldía y cobardía - también tengo fobia social (por raro que pueda parecer a algunos que me conocen), lo cual me ha mantenido alejado de grupos sociales.